La sindicalización binacional, tarea urgente contra el neoliberalismo

Eduardo Victoria y Moisés Zavala

México

La llegada del neoliberalismo en México durante la administración de Miguel de la Madrid (1982-1988) fue el detonante que despedazó las conquistas laborales que se habían obtenido por medio de sufridas y heroicas luchas sociales. El nuevo paradigma también provocó una ola de migración sin precedente de trabajadores mexicanos hacia Estados Unidos (EU). De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Migración, durante la presidencia de Vicente Fox (2000-2006) 3.4 millones de mexicanos salieron del país, 45% de los cuales eran mujeres. En ese mismo periodo, 7 mil menores que viajaban solos en busca de sus padres fueron deportados de EU a México.

Doce años después podemos afirmar que el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) y la actual administración de Enrique Peña Nieto empeoraron la situación de los trabajadores migrantes con sus decisiones erróneas. Hoy es más caro y peligroso cruzar sin documentos. Quienes arriesgando su vida lo logran, encuentran que los patrones estadunidenses han abaratado impunemente lo único que los trabajadores migrantes pueden vender: su fuerza de trabajo. Ante la criminalización de los migrantes por parte de Trump y los millonarios que él representa, la única respuesta efectiva y sostenible es la organización de los migrantes indocumentados en sindicatos.

Estados Unidos

El neoliberalismo que Ronald Reagan (1981-1989) impulsó en EU comenzó con el despido de 11 mil controladores aéreos sindicalizados. Desde ese momento hasta el día de hoy, la guerra contra los trabajadores se ha recrudecido y las consecuencias han sido terribles. Todos los trabajadores, documentados e indocumentados, sindicalizados y no sindicalizados, año con año pierden poder adquisitivo, su plan de pensiones y los beneficios o derechos que creían inamovibles.

Tomada de Fibonacci BlueEstados Unidos

En fechas recientes, las huelgas de los maestros que luchan contra la privatización de la educación pública, el avance incontenible de las agencias de empleo temporal y la victoria electoral de candidatos que abiertamente criminalizan y desprecian a la clase trabajadora son apenas un ejemplo del camino que tendremos que recorrer para remontar la visión anti sindical y anti trabajador que se ha instalado y recrudecido en la sociedad estadunidense.

Sindicalizar trabajadores indocumentados es una tarea titánica, pues el marco legal no les favorece y, si bien cuentan con algunos derechos básicos menguados, las artimañas jurídicas que benefician a las corporaciones que los explotan son enormes (por eso insistimos en que, para tener mayor eficacia, la organización debe darse tanto en México como en EU, sin importar el estatus migratorio o la nacionalidad). A pesar de estas dificultades, las manifestaciones de migrantes en 2006, 2007 y 2008 fueron las más grandes en la historia moderna de EU. Así, los trabajadores indocumentados mostraron que son una fuerza latente capaz de organizarse políticamente y detener, al menos parcialmente, propuestas de ley como la infame Sensenbrenner, que detonó la épica movilización.

México y Estados Unidos

Sin duda, Donald Trump empujará con mayor fuerza y urgencia su agenda anti migrante, pues sabe que este sector es el más débil de la clase trabajadora, pero también el que potencialmente tiene mayor capacidad de organización popular. No sorprende, pues, que su estrategia sea exacerbar el resentimiento contra los trabajadores, los migrantes, las minorías y los sindicatos. Esta idea se ha instalado, repetimos, en la sicología profunda de la mitad de la población estadunidense, pero también en buena parte de la mexicana. Paradójicamente, miles de migrantes y sus líderes comunitarios no están conscientes de la riqueza y el valor que su trabajo y talento generan a favor del 1% de la población que controla ambos países.

La experiencia de los trabajadores de casinos y hoteles que llevan años negociando con las empresas de Trump no se debe desdeñar, pues en más de una ocasión estos trabajadores y sus sindicatos han triunfado en la mesa ante el actual presidente. Tampoco debe ignorarse la experiencia de los sindicatos auténticos y los luchadores sociales que en México han frenado privatizaciones y despidos masivos producto del neoliberalismo.

Por nuestra parte, en el Local 881 UFCW (siglas en inglés del sindicato Trabajadores Unidos de Alimentos y Comercios), en la medida de nuestras posibilidades luchamos para que haya mayor unidad, organización y acercamiento entre Chicago, México y Centroamérica. Entendemos que hoy más que nunca el ataque a uno debe asumirse como un ataque a todos.

2017-04-29T23:49:22+00:00