Jornaleras: las grandes productoras de mano de obra para EU

En los campos agrícolas de México debe haber poco más de un millón de mujeres jornaleras, que representan el mismo número de familias. A Michoacán llegan cada año alrededor 40 mil mujeres jornaleras, que encabezan a familias que trabajan temporalmente en los campos agrícolas de este estado. Esas mujeres llevan una carga mucho más pesada que el duro trabajo del campo: son las responsables de hacer que sus míseros sueldos y el del marido o el de los hijos alcance para sobrevivir los cinco o seis meses que permanecen en Michoacán.

Un alto porcentaje de los maridos y los hijos son adictos al alcohol, hábito que provoca, en muchos casos, violencia hacia las esposas y los hijos, además de empeorar su ya precaria economía familiar a tal grado que en muchos casos ni siquiera tienen para comprar su raquítica canasta básica. Todas esas mujeres jornaleras provienen de comunidades de muy alta marginación de estados como Guerrero, Oaxaca, Chiapas e Hidalgo, entre otros; la gran mayoría no recibe ninguna atención regular de medicina preventiva para evitar enfermedades como cáncer. Por las condiciones de pobreza, vida, trabajo y violencia familiar, las mujeres jornaleras son quienes requieren atención institucional urgente.

El mercado negro laboral que involucra a los tres niveles de gobierno y a los empleadores, son la razón para que persista la explotación; los de mayor poder son los consorcios agroindustriales que tienen grandes intereses en nuestro país, a quienes nuestros gobiernos les garantizan la mano de obra barata, en detrimento del bienestar de nuestros trabajadores agrícolas mexicanos. Recordemos que bajo ese esquema de complicidad explotan en México a poco más de cuatro millones de trabajadores y trabajadoras del campo, incluyendo niños. El trato que nuestros migrantes reciben en los campos agrícolas de Estados Unidos (EU) son caricias en comparación con lo que reciben los jornaleros en su propia tierra.

La edad promedio de las mujeres jornaleras es entre 16 y 30 años, pues muchas de estas mexicanas se casan o simplemente hacen vida en pareja entre los 14 y 16 años de edad. A los 20 años ya cargan a cuestas con su propia familia, compuesta por cinco miembros en promedio, tres hijos y la pareja. En razón de esa situación, los niños empiezan en las labores del campo a los 6 años, y para eso los padres buscan emplearse en cultivos donde sus hijos menores también puedan trabajar y cooperar en la supervivencia de la familia; por esa misma razón, la gran mayoría de los niños jornaleros no asisten a la escuela.

En medio de esa miseria, ni quién diablos piense en el sufrimiento, el estrés y la frustración permanente en que viven esas miles y miles de mujeres. Si no hay voluntad para detener su explotación menos se preocupará la parte institucional de atender su estado de salud física de manera eficiente, y menos aún de atender su salud emocional. La infelicidad se refleja en la mirada de esas valientes madres, esposas e hijas. La única certeza que tienen es que mañana estarán igual o peor. No ven a sus hijos con posibilidades de salir de esa vida miserable, a menos que se vayan al norte. En México solo pueden pedir a Dios que les dé fuerzas para seguir trabajando, aunque sea explotadas, y así sobrevivir esperando suceda un milagro.

La supuesta batalla del gobierno federal mexicano para exterminar el hambre no menciona nada sobre terminar con la explotación laboral de los 4 millones de jornaleros agrícolas de nuestro país.

Lo comentado aquí, es resultado de una investigación realizada en 25 campamentos de jornaleros en 5 regiones del estado de Michoacán y de los casos que hemos conocido en los últimos años. No lo vimos ni lo leímos en internet.

Es importante que las organizaciones sociales asumamos un compromiso de trabajo por los derechos económicos y sociales de los grupos más vulnerables; el reto no es nada fácil, pues el punto débil de las organizaciones sociales, incluyendo las de migrantes.

De los 4 millones de jornaleros agrícolas que trabajan en los campos mexicanos, un millón son mujeres que tienen en promedio de 3 a 5 hijos, mismos que nacen viendo hacía el norte, hacía donde terminaran partiendo la mayoría de ellos, a los campos agrícolas de EU. Allá está su esperanza de vida.

By | 2017-06-01T15:05:13+00:00 June 1st, 2017|Categories: Uncategorized|0 Comments

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Pedro Fernández Carapia

Coordinador binacional de la organización Fuerza Migrante.

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