Deportaciones de mexicanos en 1929 y ahora

Martín Cuitzeo Domínguez Núñez

Entre 1929 y 1934, justo antes de la administración del general Cárdenas, el gobierno de Estados Unidos (EU) deportó miles de mexicanos. Los historiadores Alanís y Hoffman calculan que regresaron a México aproximadamente 400 mil personas. Este hecho es uno de los grandes hitos en la historia de la migración hacia Estados Unidos.

El gobierno estadunidense inició campañas para ubicar, encarcelar y deportar a los mexicanos. Es tristemente célebre el plan de deportaciones que se ejecutó la ciudad de Los Ángeles. Agentes federales y locales se dieron a la tarea de llevar a cabo redadas en plazas y parques públicos.

Estas persecuciones masivas se dieron en el contexto de la quiebra del sistema capitalista en EU y su consiguiente crisis. En aquella época, en que proliferaron el desempleo y el hambre, la xenofobia encontró un caldo de cultivo perfecto. Se argumentaba que los extranjeros ocupaban los puestos de trabajo que debían ser para los estadunidenses.

Muchos de los mexicanos deportados laboraban en las industrias de la minería y la siderurgia, y tuvieron que regresar a un México rural y con pocas oportunidades. Sin embargo, la economía de subsistencia acabó absorbiendo a los miles de deportados. Al mismo tiempo, tanto el gobierno como la sociedad mexicanos llevaron a cabo operativos para transportar de regreso a México a los deportados, y crearon albergues y comedores en la zona fronteriza. Una vez en México, se trasladó rápidamente a los migrantes a sus lugares de origen, o al menos más al sur de la línea divisoria, pues las autoridades buscaban evitar que se concentraran en las ciudades fronterizas por miles. Ésta es por lo menos la versión de los gobiernos de aquella época.

Sin duda, hay similitudes y diferencias entre las deportaciones de 1929 y las de los tiempos actuales, que comenzaron durante la administración de Barack Obama y que todo indica se agravarán ahora Trump. Comencemos con las similitudes. Ambos procesos se dan en el contexto de grandes crisis económicas en EU; en los dos casos, la proliferación del desempleo convierte a los conacionales, junto con otras comunidades, en los responsables de la crisis. El incremento de la xenofobia es otro punto en común.

La puesta en marcha de estas políticas xenófobas, por lo menos de manera superficial, parece muy similar en ambos casos: se ubica a la gente, se le encarcela y se le deporta. Esto podría hacer pensar que la administración Trump tomó como modelo lo ocurrido hace 88 años.

Las diferencias, por su parte, no dejan de estremecer. De entrada, si Trump cumpliera sus amenazas, tendríamos un número de deportaciones mucho más grandes que las del 29. Por ahora no se observa un plan estructurado por parte del gobierno como en aquellos años. La sociedad civil tampoco está tomando la iniciativa, o por lo menos no lo parece. La economía mexicana ha cambiado, ya no es una economía campesina capaz de absorber a los migrantes regresados. No se observan tampoco planes en las ciudades fronterizas con el fin de evitar hacinamientos. Por otra parte, esto se da en el contexto de una oleada masiva de migrantes de Centroamérica y Haití que han quedado varados en la frontera, a los que tampoco se les está brindando opción alguna. Finalmente, es importante destacar que, a diferencia de antes, ha habido protestas multitudinarias en EU contra las políticas xenófobas de Trump.

Las deportaciones de 1929 sirven como modelo para entender y responder a la inminente ola de deportaciones que se darán con la administración Trump. En aquel entonces, en la respuesta de México a las deportaciones masivas hubo una sinergia entre la sociedad civil y el Estado. Hoy el Estado mexicano prácticamente no existe, no tiene un plan claro, se encuentra entrampado por el propio sistema neoliberal, que durante muchos años él mismo se encargó de crear y retroalimentar.

Archivo MX Sin Fronteras.

La sociedad civil tendría que tomar la iniciativa frente a las deportaciones. Lo ocurrido hace más de ocho décadas debería servir como lección para adoptar ideas útiles, como la creación de albergues y comedores comunitarios. A la par de acciones como las mencionadas, se deben crear nuevas opciones de reinserción laboral, como cooperativas y mercados de trueque e intercambio de productos, entre otras acciones e iniciativas. Simultáneamente, la sociedad civil tendría que presionar al Estado para que éste actúe de forma humanitaria y bien planificada. De no ser así, la política migratoria de Trump podría desembocar en una tragedia humanitaria sin precedente.

Entre 1929 y 1934, justo antes de la administración del general Cárdenas, el gobierno de Estados Unidos (EU) deportó miles de mexicanos. Los historiadores Alanís y Hoffman calculan que regresaron a México aproximadamente 400 mil personas. Este hecho es uno de los grandes hitos en la historia de la migración hacia Estados Unidos.

El gobierno estadunidense inició campañas para ubicar, encarcelar y deportar a los mexicanos. Es tristemente célebre el plan de deportaciones que se ejecutó la ciudad de Los Ángeles. Agentes federales y locales se dieron a la tarea de llevar a cabo redadas en plazas y parques públicos.

Estas persecuciones masivas se dieron en el contexto de la quiebra del sistema capitalista en EU y su consiguiente crisis. En aquella época, en que proliferaron el desempleo y el hambre, la xenofobia encontró un caldo de cultivo perfecto. Se argumentaba que los extranjeros ocupaban los puestos de trabajo que debían ser para los estadunidenses.

Muchos de los mexicanos deportados laboraban en las industrias de la minería y la siderurgia, y tuvieron que regresar a un México rural y con pocas oportunidades. Sin embargo, la economía de subsistencia acabó absorbiendo a los miles de deportados. Al mismo tiempo, tanto el gobierno como la sociedad mexicanos llevaron a cabo operativos para transportar de regreso a México a los deportados, y crearon albergues y comedores en la zona fronteriza. Una vez en México, se trasladó rápidamente a los migrantes a sus lugares de origen, o al menos más al sur de la línea divisoria, pues las autoridades buscaban evitar que se concentraran en las ciudades fronterizas por miles. Ésta es por lo menos la versión de los gobiernos de aquella época.

Sin duda, hay similitudes y diferencias entre las deportaciones de 1929 y las de los tiempos actuales, que comenzaron durante la administración de Barack Obama y que todo indica se agravarán ahora Trump. Comencemos con las similitudes. Ambos procesos se dan en el contexto de grandes crisis económicas en EU; en los dos casos, la proliferación del desempleo convierte a los conacionales, junto con otras comunidades, en los responsables de la crisis. El incremento de la xenofobia es otro punto en común.

La puesta en marcha de estas políticas xenófobas, por lo menos de manera superficial, parece muy similar en ambos casos: se ubica a la gente, se le encarcela y se le deporta. Esto podría hacer pensar que la administración Trump tomó como modelo lo ocurrido hace 88 años.

Las diferencias, por su parte, no dejan de estremecer. De entrada, si Trump cumpliera sus amenazas, tendríamos un número de deportaciones mucho más grandes que las del 29. Por ahora no se observa un plan estructurado por parte del gobierno como en aquellos años. La sociedad civil tampoco está tomando la iniciativa, o por lo menos no lo parece. La economía mexicana ha cambiado, ya no es una economía campesina capaz de absorber a los migrantes regresados. No se observan tampoco planes en las ciudades fronterizas con el fin de evitar hacinamientos. Por otra parte, esto se da en el contexto de una oleada masiva de migrantes de Centroamérica y Haití que han quedado varados en la frontera, a los que tampoco se les está brindando opción alguna. Finalmente, es importante destacar que, a diferencia de antes, ha habido protestas multitudinarias en EU contra las políticas xenófobas de Trump.

Las deportaciones de 1929 sirven como modelo para entender y responder a la inminente ola de deportaciones que se darán con la administración Trump. En aquel entonces, en la respuesta de México a las deportaciones masivas hubo una sinergia entre la sociedad civil y el Estado. Hoy el Estado mexicano prácticamente no existe, no tiene un plan claro, se encuentra entrampado por el propio sistema neoliberal, que durante muchos años él mismo se encargó de crear y retroalimentar.

La sociedad civil tendría que tomar la iniciativa frente a las deportaciones. Lo ocurrido hace más de ocho décadas debería servir como lección para adoptar ideas útiles, como la creación de albergues y comedores comunitarios. A la par de acciones como las mencionadas, se deben crear nuevas opciones de reinserción laboral, como cooperativas y mercados de trueque e intercambio de productos, entre otras acciones e iniciativas. Simultáneamente, la sociedad civil tendría que presionar al Estado para que éste actúe de forma humanitaria y bien planificada. De no ser así, la política migratoria de Trump podría desembocar en una tragedia humanitaria sin precedente.

2017-04-29T23:49:22+00:00